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ROMA:
Año 37. Nace el emperador Nerón.
Nació el 15 de diciembre del año 37, en Antium
(Anzio). Hijo del cónsul Cneo
Domicio Ahenobardo y de Agripina la Menor,
bisnieta del emperador Augusto. Fue el
último de la dinastía Julia-Claudia
(la primera dinastía imperial romana, formada
por miembros de las gens Julia
y Claudia). |
En
el 49 Agripina se casó con su tío,
el emperador Claudio I, a quien un año más
tarde convenció para que adoptara a su hijo. Más adelante,
en el 53, Nerón contrajo matrimonio con
la hija de Claudio, Octavia, y
aquél le nombró su sucesor, evitando a su propio hijo,
Británico. Tras el asesinato, un año
después, de Claudio, la Guardia
Pretoriana, dirigida por el prefecto Sexto Afranio
Burro, representante de Agripina, declaró
emperador a Nerón a la edad de diecisiete
años.
Bajo el asesoramiento de Burro y el filósofo
Séneca, su tutor, los cinco primeros años
de su reinado estuvieron marcados por la moderación y la
clemencia, aunque tuvo encarcelado a su rival Británico,
a quien mató en el 55. En el 59 mandó asesinar a su
madre por criticar a su amante, Popea Sabina. Tres
años después se divorció de Octavia
(a quien más tarde ejecutó) y se casó con Popea.
Burro murió, envenenado, en el 62, mientras
que Séneca dejó su cargo. En julio
del 64, dos tercios de Roma ardieron mientras Nerón
estaba en Antium. Aunque se creyó que él
fue el responsable, actualmente se duda de aquella acusación.
Según algunas informaciones, culpó a los cristianos,
y fue el primer emperador que los persiguió.
Reconstruyó la ciudad, tomando medidas que evitaran un nuevo
incendio. Su plan de edificación al igual que los espectáculos
y el grano que distribuyó entre su pueblo, fueron financiados
con los saqueos de Italia y las provincias. Se consideraba un artista
y escandalizaba al ejército y a la aristocracia cuando aparecía
como actor en representaciones públicas de dramas religiosos.
Estableció
Armenia como una avanzada defensiva contra Partia,
pero sólo después de una guerra, costosa y sin éxito.
Estallaron levantamientos en Britania (60-61) y
en Judea (66-70). En el 65 Cayo Calpurnio
Pisón dirigió una conspiración contra
el emperador: 18 de los 41 ciudadanos preeminentes implicados en
la misma murieron, entre ellos Séneca y
su sobrino, el poeta épico Lucano. Popea
murió debido a la violencia de Nerón,
y éste se casó con Mesalina (66)
después de ejecutar a su marido.
En el 68, las legiones de la Galia e Hispania,
junto con la Guardia Pretoriana, se rebelaron contra
Nerón, obligándole a huir de Roma.
El Senado le declaró enemigo público, y se suicidó
el 9 de junio del 68.
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ROMA:
Año 130. Nace el emperador Lucio Vero.
Lucio Cejonio Cómodo. Tras la adopción
de su padre por Adriano, Lucio
Cejonio Elio Aurelio (?) Cómodo
Vero y tras su adopción por Antonino
Pío, Lucio Elio Aurelio Cómodo
Vero, nació el 15 de diciembre del 130 d.C.
y fue hijo de César Lucio Elio a
quien Adriano había designado su
sucesor. Fue adoptado por el emperador Antonino
Pío -junto con Marco Aurelio-
ante la insistencia del emperador Adriano.
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Gobernó
como Lucio Aurelio Vero y es recordado por sus
éxitos militares ya que conquistó Armenia
y Media y también invadió la capital
de Partia.
A la muerte de Antonino Pío (161 d.C.) fue
proclamado César y Augusto
y gobernó como co-emperador junto con su hermano adoptivo
Marco Aurelio, siendo ésta fue la primera
vez que Roma tuvo dos emperadores en teórica
igualdad de poderes otorgados por el Senado, pero
pero realmente, nunca llegó a tener tanto poder como el que
consiguió Marco Aurelio.
Ese mismo año 161, partió hacia Siria
y mantuvo agotadoras luchas contra los partos en Siria y
Armenia ya que Vologeses III,
rey de los partos invadió Armenia y Siria
en el año 161 d.C. Después de varios años de
luchas, los ejércitos gobernados por el co-emperador Lucio
Vero lograron la victoria sobre los partos, primero en
Armenia y posteriormente en Siria,
llegando la paz en el año 166 d.C. y devolviendo a su trono
al rey Soemus.
En el año 164 d.C. casó con una hija de Marco
Aurelio, Annia Aurelia Galeria
Lucila.
En el año 166 d.C. regresó a Roma y el día
23 de agosto celebró su triunfo junto con Marco Aurelio
y los dos emperadores recibieron los títulos de "Armeniacus"
y "Parthicus". Pero con la llegada de
los ejércitos vino la peste contraída en Oriente,
que se extendió por todo el Imperio llegando
incluso a la misma Roma. Su resultado fue una elevada
mortandad que redujo drásticamente la población.
En 167 se vio obligado a luchar contra las tribus germanas en las
fronteras del Rhin-Danubio, que ya habían
sido agredidas anteriormente. Una
gran confederación de pueblos germánicos reunida por
el rey marcomano Balomar, cruzaron las fronteras
y atacaron en tres frentes. En marzo de 169, cuando los dos
emperadores volvían a Roma después
de haber reorganizado el ejército para la defensa y posterior
ataque a las tribus germanas, el emperador Lucio Vero
murió de una apoplejía en Altinum (cerca
de Venecia).
ALTA
EDAD MEDIA: Año 695. Muere Santa Begga,
ancestro de los Carolingios.
Arnulfo de Metz se casó con una mujer franca
de linaje noble, de quien tuvo dos hijos, Ansegisel y
Clodulfo. Ella era Begga de Landen,
hija de Pipino de Landen
Pipino de Landen murió en 640. Casó
con Idoberga de Nivelles (hija de Grimoaldo
de Aquitania y Itta de Gascuña;
Grimoaldo era hijo de Teobaldo,
rey de Reixms, y Waldrada de Lombardía).
Pipino e Idoberga fueron padres
de Santa Begga de Landen (615-693),
que casó con Ansegisel de Metz (hijo de
San Arnoldo de Metz -para otros: de Arnulfo,
obispo de Metz- y Santa Doda de Schelde)
y fueron padres de Pipino II de Heristal, el fundador
de la dinastía Carolingia, Santa
Clotilde de Metz y Martín, duque de Laon.
Pipino II casó con Alpaida de Bruyers
y fueron padres de Carlos Martel. Santa
Clotilde casó con Thierry III,
rey de Neustria (hijo de Clodoveo II
y nieto de Dagoberto I) y fueron padres de Childeberto
III de Francia y Berta de Neustria.
Martín de Laon casó con Bertrada
"la Anciana" de Prüem y tuvieron
por hijo a Cariberto de Laon.
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ISLAM: Año 644. Osman
ibn Affan es designado como tercer Califa del
Islam.
A la muerte de Omar en 644, apuñalado
por un administrador y súbdito persa, los antagonismos
por la línea sucesoral del profeta comenzaron a agudizarse.
A diferencia del anterior Califa (Abu
Bakr), éste no había nombrado sucesor.
En su lugar fijó un consejo de seis hombres (shura) encargados
de elegir al nuevo gobernante.
Para el momento eran candidatos Alí ibn Abi Talib,
marido de Fatima hija de Mahoma
e igualmente miembro del clan hachemí y Osmán
ibn Affan, integrante del clan Omeya el
cual se encontraba asentado en Damasco, Siria,
quien tenía un parentesco más lejano con el profeta.
Las condiciones de la shura impuestas a Alí ibn
Abi Talib, de no proclamar una dinastía hachemí
no fueron aceptadas por éste. La intención era evitar
el monopolio del poder por parte de los hachemíes al decretar
una transferencia hereditaria del Califato. Ante
la negativa del yerno de Mahoma, fue nombrado
Califa Osmán ibn Affan, quien gobernaría
entre 644 y 656.
A pesar que durante los primeros tiempos Osmán
gozó del apoyo de los opositores de Axlí,
posteriormente llegó a ser acusado igualmente de querer
instaurar una dinastía Omeya.
El califato de Osmán, se vería
signado principalmente por la descomposición doctrinal
y el sentido utilitario en los cuales permitió caer al
Islam. En tanto que la expansión del imperio
musulmán era su primer objetivo, en muchos casos facilitó
anexiones permitiendo a las tribus, interesadas en sumarse, convertirse
a la religión con solo aceptar la shahada (obligación
de recitar el credo), quienes a demás de haber sido los
primeros seguidores del Profeta y en su mayoría
amigos y familiares, estaban comprometidos con el mantenimiento
de las tradiciones de la religión.
En gran medida, los jariyíes sabían que muchas tribus
se habían sumado al imperio por intereses económicos
y no por convicción religiosa. La importancia de recibir
partes de los botines de guerra los incentivó a adoptar
el credo islámico de forma simplemente nominal, ni siquiera
practicaban ya los cinco pilares como en tiempos de Abu
Bakr y Omar había sido exigido.
El Califa Osmán conseguiría apoyo
doctrinario en los Muryi´a, secta rival
de los jariyíes quienes predicaban que
el cuestionamiento de las acciones en contra de la religión
era potestad de Alá y no de los jariyíes.
Esta corriente de pensamiento le era más favorable a Osmán
para sus fines expansionistas. La oficialización de ésta,
estimuló la rebelión de sus opositores, la declaración
de guerra al clan Omeya y su inmediata caída.
En 656 una multitud de jariyíes enardecidos
mató al Califa Osmán e inmediatamente
la shura designó a Alí ibn Abi Talib
como nuevo gobernante.
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ALTA
EDAD MEDIA: Año 546. Totila,
rey de los ostrogodos, toma por primera vez Roma.
Tan solo 500 ciudadanos permanecieron en la ciudad y fueron
tomados de rehenes previniendo cualquier intento de retomar
la ciudad. Cuando Belisario hizo lo propio
al año siguiente, los rehenes fueron ajusticiados;
estos fueron los últimos habitantes nativos de la
ciudad de Roma.
Totila, (?-Caprara, Perugia,
552) Rey de los ostrogodos (541-552). Combatió la
hegemonía romana en Italia. Se enfrentó
a Justiniano, venció a Belisario
y conquistó la Marca y la Umbría.
Conquistó Roma dos veces (546-549)
y desde allí extendió su reino a Sicilia,
Córcega y Cerdeña.
Fue vencido y muerto por Narsés,
sucesor de Belisario, en la batalla de
Busta Gallorum (552).
ORIENTE
MEDIO: Año 468. El rabino Huna V
Mari bar Mar Zutra, exilarca de
Babilonia, es ejecutado en Pumbedita,
víctima de las persecuciones del rey persa
Firuz.
ROMA:
Año 324.
El emperador Licinio abdicó en este
día, siendo ejecutado al año siguiente. Tenía
60 años.
Flavio Valerio Licinio Liciniano, (Iliria,
c. 250-Tesalónica, 325) Emperador
romano (308-324). Proclamado augusto
(307), compartió con Galerio el
gobierno de Oriente. Tras la muerte de
Galerio (311) se alió con Constantino.
En 313 se apoderó de las provincias de Asia.
A partir de 314 se enfrentó a Constantino,
quien lo venció (324) e hizo ejecutar (325).
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ROMA:
44 a.de C. (Se cumplen 2048 años) En este día
Marco Tulio Cicerón pronunció
su tercera Filípica, contra Marco
Antonio y en pro de un retorno a las virtudes democráticas
republicanas.
Octavio comenzó a conocer que nada
podía adelantar en la ciudad contra un cónsul
armado de la autoridad civil y militar, y como no había
olvidado el mal recibimiento que le hizo cuando llegó,
no pudiendo vengarse por la fuerza, acudió a la astucia.
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Dicen
algunos que intentó hacer asesinar a Antonio,
y que para ello se valió de algunos esclavos que fueron
sorprendidos en su casa armados con puñales. Otros aseguran
que todo esto fué inventado por Antonio
para justificar el mal modo con que había tratado a Octavio
y privándole de la herencia de su tío.
Cicerón asegura que todas las personas
de juicio creyeron cierta la conspiración y la aprobaron,
y casi todos los demás autores antiguos hablan de ella
como de cosa cierta y constante.
El hecho es que Octavio y Antonio
eran igualmente sospechosos al Senado, pero el
segundo mucho más temible, porque había empezado
a fortalecerse con bastante anticipación y tenía
gran partido con las tropas a cuyo frente había combatido
en varias guerras, y para ganar más su afecto mostraba
más odio y cólera que nunca contra los conjurados,
amenazándoles en sus edictos y ostentándose abiertamente
vengador de la muerte de César. Con esta
idea el erigió una estatua en los Rostros con la inscripción:
Al padre benemérito de la patria. Cicerón,
hablando a Casio de esta temeraria empresa, le dice "que
su amigo Antonio cada día estaba más furioso, llamándole
a él y a sus compañeros no matadores, sino ase-sinos
y parricidas. No sólo a vosotros, añade, sino a
mí también; pues pretende este loco que yo fuí
el jefe de la conjuración. ¡Ojalá! No nos
molestaría ahora".
Octavio, por su parte, procuraba con el mismo
ardor ganar el dinero para atraerlos a su servicio. Sus promesas
eran mayores que las de Antonio, y así
consiguió en poco tiempo formar un cuerpo respetable de
tropa veterana. Pero como no tenía ningún carácter
público, y en tiempos más arreglados el levantar
tropas un particular seria delito de lesa nación, procuró
disimular, su empresa, haciendo qué el Senado la aprobase,
lo que consiguió a fuerza de agasajar y cortejar a los
principales del partido republicano, y tanto hizo, que le nombraron
general de aquella guerra que se preparaba.
Con este objeto escribió a Cicerón
y le instó por medio de sus amigos que volviese luego a
Roma para sostenerle con su autoridad contra
el enemigo común, y, conociendo su flaco, le prometió
gobernarse enteramente por sus consejos. Cicerón
se fiaba poco de un joven sin experiencia, que no parecía
capaz de hacer frente a Antonio, ni podía
acabar de persuadirse que de buena fe quisiese apoyar a los conjurados.
Temía que si llegaba a fortalecer su autoridad, procuraría
a toda costa mantener las actas de su tío, y que tal vez,
para vengar su muerte, sería más cruel que Antonio.
Estas reflexiones le hicieron tomar el partido de diferir su unión
con él para cuando las cosas de la República lo
exigiesen, y así, llegado el caso de hacerlo, puso por
condición que Octavio emplearía
todas sus fuerzas en defensa, no sólo de la libertad, sino
de aquellos que se habían sacrificado generosamente por
ella.
Todo esto se prueba claramente por muchas de sus cartas. En una
a Ático le dice: "Octavio me
ha escrito el primero de noviembre, y en el contexto de su carta
veo que sus miras son muy extensas. Ha traído ya a su devoción
los veteranos que están en Casalino y Calasia; lo que no
es de admirar, porque ha dado casi cien doblones a cada uno. Piensa
hacer lo mismo con los de las demás colonias, y esto descubre
claramente sus designios de dirigir la guerra contra Antonio;
por consiguiente, dentro de pocos días estaremos en armas.
¿Pero qué partido abrazaremos?
Yo no lo sé, si considero su edad y el nombre que ha tomado.
Me pide que nos aboquemos secretamente en Padua, y me parece verdadera
niñería imaginar que podemos tener él y yo
una conferencia secreta. Por eso le he respondido que no es necesario
ni posible. Después me ha enviado a decir con un tal Cecina,
volterrano, su confidente, que Antonio marcha hacia Roma con la
legión Alauda, poniendo a contribución todas las
ciudades por donde transita y con banderas desplegadas.
Me pregunta si convendría que vaya a Roma con las tres
legiones de Macedonia que marchan por la costa del mar, y espera
sean suyas, pues los soldados, según dice el mismo Cecina,
no han querido recibir dinero de Antonio; antes le llenaron de
injurias y le dejaron plantado cuando les arengaba. En suma: Octavio
se ha encaprichado con ser cabeza de partido y piensa que es interés
nuestro unirnos a él. Yo le he aconsejado que vaya a Roma,
donde creo que el populacho estará de su parte, y aun las
gentes honradas harán lo mismo, si juzgan que pueden fiar
en sus promesas.
¡Ah Bruto! ¿Dónde estás? ¡Qué
bella ocasión te dejas ir de las manos! Yo no he podido
adivinar todos estos sucesos; pero he previsto algunos. Dime tú
ahora si debo volver a Roma, quedarme aquí, o retirarme
a Arpino, donde estaría más seguro. Pero si me retiro,
tal vez haré falta en Roma. Tu consejo me determinará,
porque en mí vida me he visto tan perplejo."
En carta que siguió a la referida, añade: "He
recibido en un día dos cartas de Octavio, en que me pide
vaya sin perder tiempo a Roma, asegurándome no quiere hacer
nada sin la autoridad del Senado; y yo le he respondido que el
Senado no podrá reunirse hasta primeros de enero, y así
lo creo.
Me asegura que quiere gobernarse enteramente por mis consejos;
pero por más que me insta yo le doy largas, porque no me
fío de su edad ni de sus intenciones, ní quiero
hacer cosa alguna sin tu amigo Pansa. Temo que Antonio pueda más
que él; por eso no me alejo de la orilla del mar; por otra
parte, si sucede lo contrario y se hace algo de provecho, quisiera
no perder el honor de haber contribuido a ello con los demás
buenos ciudadanos.
Varrón reprueba la conducta de este joven, pero yo no.
Tiene buenas tropas, puede unirse con Décimo Bruto; reúne
soldados en Capua, los forma en centurias y los paga puntualmente.
Estoy viendo ya la guerra."
Y en la tercera carta añade: "Todos los días
recibo cartas de Octavio en que me pide me ponga al frente de
los negocios, que vaya a Capua y que salve otra vez la República.
Yo me avergüenzo de negarme y temo aceptar. Octavio hasta
ahora se ha portado y porta grandemente.
Vendrá a Roma con fuerte acompañamiento, pero insisto
en que es un niño. Quiere que el Senado se reúna
al instante; pero ¿quién se atreverá a asistir
a él? Y aún cuando asistan, estando las cosas tan
inciertas, ¿quién tendrá valor para declararse
contra Antonio? Puede ser que Octavio sostenga y asegure el Senado
de primero de enero, o tal vez habrá una batalla antes
de aquel día. Todos los municipios de Italia se van declarando
por este joven... y de todas partes van llegando gentes para juntarse
con él. ¿Lo hubieras creído? Esto hará
que yo vaya a Roma antes de lo que pensaba"...
Todas las demás cartas de Cicerón
están llenas de expresiones que muestran lo poco que se
fiaba de Octavio y que su proyecto era estarse
a la capa, dejando que los partidos peleasen hasta que cansados,
la necesidad les obligase a componerse. Parece increíble
que en medio de tantos cuidados y confusión, hallase modo
ni tiempo de satisfacer su pasión al estudio, y, sin embargo,
vemos que además de la segunda Filípica
acabó en aquellos días su célebre
Tratado de los Oficios, obra que ha admirado
a todas las edades posteriores como el más perfecto sistema
de moral natural y el esfuerzo más noble de la razón
para enseñar al hombre el camino de una vida inocente y
bien arreglada.
Al mismo tiempo emprendió las Paradojas,
que son una especie de comentario de los principales puntos de
la doctrina de los estoicos, y las dedicó a Bruto.
Antonio había partido de Roma
a fines de septiembre para ir al encuentro de cuatro
legiones que volvían de Macedonia, con
esperanza de traerlas a su servicio. César había
enviado delante estas tropas para la guerra que iba a hacer a
los partos, y Antonio contaba tanto con ellas,
que tenía ya dispuesto emplearlas en apoderarse de Roma;
pero sus cuentas salieron fallidas, porque al llegar a
Brindisi se halló con el chasco de que tres de
ellas rechazaron obstinadamente todas sus proposiciones.
Esto excitó en él tan rabiosa cólera, que
hizo venir a su casa con varios pretextos todos los centuriones
que creía eran causa de que los soldados rehusasen su servicio,
y los mandó asesinar uno tras otro en su presencia. Tan
horrenda crueldad sería increíble si Cicerón
no la asegurase tantas veces. Las circunstancias fueron
además execrables, pues Fulvia, que asistía
con su marido a la abominable escena, sacó manchada toda
la cara de la sangre de aquellas víctimas inocentes.
Él se volvió furioso a Roma por
la Vía Apia, llevando consigo la legión
que quiso seguirle. Las otras tres emprendieron su marcha a lo
largo del Mar Adriático sin haberse declarado
por nadie.
El odio de Antonio contra Octavio
y los republicanos fué aumentando cada día, y en
su consecuencia, tomó en despojar a sus enemigos de los
gobiernos y empleos militares y en poner en ellos a sus más
fieles partidarios. Los edictos que publicó para estos
fines estaban impregnados del furor que le dominaba. Llamaba a
Octavio, Espartaco, famoso jefe
de la guerra de los esclavos, afeándole su innoble cuna.
Acusaba a Cicerón de haberle inspirado
todos sus proyectos. Trataba de pérfido al joven Quinto,
como que le había ofrecido asesinar a su tío y a
su padre. Con pena de la vida prohibió asistir al Senado
a tres tribunos, Q. Casio, hermano del conjurado,
Carfuleno y Canucio. En el calor
de estas ideas convocó al Senado para
el 24 de octubre con las amenazas más terribles contra
los que no concurriesen, pero él fué el primero
que no asistió.
Al día siguiente hizo otro edicto para que se juntase el
Senado el día 28, y cuando todo el mundo esperaba algún
decreto extraordinario y en especial el que tenía dispuesto
para declarar a Octavio enemigo de la República,
supo que las tres legiones que dejó en Brindisi
se habían declarado a favor del mismo Octavio,
apoderándose del puerto de Alba, en las
cercanías de Roma.
Esta noticia le conturbó de modo que, en vez de llevar
adelante sus resoluciones, se dió solamente prisa en distribuir
algunos gobiernos a sus amigos, los cuales no se atrevieron a
aceptarlos, y aquella misma tarde se quitó el traje de
consular para vestir el de general, y salió precipitadamente
de Roma con determinación de ir a ponerse
al frente de su ejército y apoderarse de la Galia
Cisalpína, que ilegalmente le había conferido
el pueblo, contra la autoridad del Senado.
Luego que Cicerón supo que Antonio
había salido de Roma, dejó los
libros y el campo y vino volando a la ciudad, creyéndose
como llamado por la República para volver
a tomar las riendas del gobierno. Halló para esto el campo
libre, porque no había en Roma cónsules,
ni pretores, ni soldados. Llegó a ella el 9 de diciembre,
y como Hircio se hallaba gravemente enfermo,
tuvo con Pansa varias conferencias sobre los
negocios de la República y las medidas
que había de tomar para cuando entrasen en posesión
del consulado.
Antes de que volviese de su casa de campo le había hecho
Opio una visita, a fin de rogarle con la mayor
instancia favoreciese a Octavio y tomase las
tropas de éste bajo su protección. Su respuesta
fué que no podía prometer nada sin estar bien seguro
que Octavio deseaba sinceramente la amistad de
Bruto, y que además de eso, como no podía
servirle de cosa alguna antes de primero de enero, tendría
ocasión de experimentarle en la promoción de Casca,
que estaba nombrado tribuno por César y
debía tomar posesión de aquel empleo el 10 de diciembre.
Opio ofreció que Octavío
no se opondría a Casca, y éste,
en consecuencia, tomó pacíficamente posesión
de su cargo, no obstante haber sido el que dió a César
la primera puñalada.
Como todos los magistrados superiores estaban ausentes, tocó
a los tribunos convocar al Senado para el día
19 de diciembre. Cicerón tenía
resuelto no asistir a él hasta que los nuevos cónsules
hubieran empezado a ejercer sus cargos; pero habiendo recibido
la víspera un edicto de Décimo Bruto
en que prohibía a Antonio entrar en su
provincia, declarando que se valdría de la fuerza para
mantenerla en la obediencia del Senado, Cicerón
creyó ser preciso asistir para dar ánimo
a Bruto y servir al público, haciendo
que el Senado diera un decreto en favor de aquél.
Se presentó en él muy temprano, y habiéndose
esparcido la noticia, todos los demás senadores corrieron
con curiosidad a oírle sobre aquellos negocios en una coyuntura
tan importante y decisiva.
Veía Cicerón que iba a empezarse
una guerra en el centro de Italia, cuyo suceso
decidiría de la suerte de Roma; que la
Galia se perdería infaliblemente y con
ella la República, si Décimo
Bruto no era socorrido contra las fuerzas superiores
de Antonio, y que el único modo que habría
de socorrerle sería valerse de Octavio
y sus tropas. No obstante, era peligroso darle una comisión
y ponerle en mano una fuerza de que se podía temer abusase;
mas para esto había el remedio de asociarle a los cónsules
y dar a éstos tropas que pudiesen balancear las suyas,
observando sus pasos y no permitiéndole apartarse de su
deber.
Reunido el Senado, dieron parte los tribunos
de las razones que habían tenido para convocarle, que era
la necesidad de establecer una guardia a los nuevos cónsules
para asegurar la libertad de los votos, y con esta ocasión
deliberar sobre los negocios públicos y el estado de la
República, que se hallaba en tan criticas
circunstancias. Cicerón fué el
primero que habló, representando la extremidad del peligro
y la necesidad de aplicar el remedio sin perder un instante, para
rechazar un enemigo que tramaba con tanto calor la ruina de la
paz y de la libertad. Esta fué la tercera filípica,
que en su primer capítulo dice así :
FILIPICA TERCERA
«Aunque más tarde, padres conscriptos, de lo
que demandaba el estado de la República, al fin hemos sida
convocados, y esto es lo que pedía yo diariamente al ver
a un hombre destructor y perdido no preparar, sino hacer ya infame
guerra contra nuéstros altares y nuestros hogares, contra
nuestras fortunas y nuestras vidas.
Esperábanse las calendas de enero, pero Antonia no las
esperaba, pues intentó apoderarse repentinamente con un
ejército de la provincia donde manda el grande y singular
ciudadano Décimo Bruto y desde allí, dispuesto y
preparado, amenazarnos con su venida a Roma. ¿A qué
aguardar o por qué permitir la más breve dilación?
Aunque las calendas de enero estén ya próximas,
el tiempo, para el que no está prevenido, por corto que
sea, es largo.
Basta un día, a veces una hora, para que ocurran grandes
catástrofes si no está todo previsto. No se acostumbra
a esperar día fijo para una determinación como para
un sacrificio. Si las calendas de enero hubiesen sido el día
en que Antonio huyó de Roma, o si no se las hubiera esperado,
no tendríamos ya ninguna guerra.
La autoridad del Senado y la opinión unánime del
pueblo romano fácilmente hubiesen anonadado la audacia
de un insensato. Confío en que así lo harán
los cónsules electos cuando empiecen a desempeñar
sus cargos, pues unen a las mejores intenciones gran prudencia
y singular concorfia. Pero mi impaciencia es tan vehemente que
quiero la victoria, y la quiero pronta.»
ROMA:
Año 69. Vespasiano ocupa
Roma y Vitelio es asesinado
en el Foro en el mismo día. |
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Suetonio
relata de este modo estos acontecimientos :
«En el octavo mes de su reinado, se sublevaron contra
él los ejércitos de Misia y de Panonia; se sublevaron
asimismo los de Judea y de la Siria, al otro lado de los mares,
y prestaron juramento a Vespasiano, presente o ausente. Vitelio,
para asegurarse entonces la adhesión del resto de las tropas
y del favor público, prodigó sin medida dinero y
honores en nombre del Estado y en el suyo propio.
Hizo levas en Roma, prometiendo a los voluntarios no sólo
la licencia después del triunfo, sino también las
recompensas de los veteranos y las ventajas del servicio regular.
Estrechado por sus enemigos por mar y tierra, opúsoles,
por un lado, a su hermano con una flota, milicias nuevas y un
ejército de gladiadores, y por otro, a los generales y
legiones que habían vencido en Betriácum. Pero vendido
o derrotado en todas partes, trató con Flavio Sabino, hermanos
de Vespasiano, no reservándose más que la vida con
cien millones de sestercios; desde las gradas del palacio, declaró
en el acto a los soldados reunidos que renunciaba al Imperio,
del que se había hecho cargo contra su voluntad.
Levantándose por todos lados oposiciones a semejante determinación,
accedió a aplazarla, dejó pasar una noche y al amanecer,
vestido con traje de luto, se dirigió a la tribuna de las
arengas, donde, llorando, hizo la misma declaración, pero
esta vez leyéndola en un escrito que tenía en la
mano. El pueblo y los soldados le interpelaron de nuevo exhortándole
a no dejarse vencer del abatimiento y prometiéndole todos
a porfía ayudarle con todas sus fuerzas; recobró
con esto su valor, atacó repentinamente a Sabino y a los
otros partidarios de Vespasiano, que estaban confiados, los rechazó
hasta el Capitolio, y allí los hizo perecer a todos incendiando
el templo de Júpiter Optimo Máximo; entretanto,
él, sentado a la mesa en casa de Tiberio, estuvo presenciando
el combate y el incendio.
Muy pronto se arrepintió de esta atrocidad, la culpa de
la cual imputó a otros. Convocó al pueblo, e hizo
jurar a todos y juró el primero no considerar nada tan
sagrado como la tranquilidad pública. Desprendió
entonces la espada que pendía de su cinto, la presentó
primero al cónsul, y luego, por negativa de éste,
a los demás magistrados y por último a cada senador;
no quiso ninguno aceptarla, y cuando iba ya a depositarla en el
templo de la Concordia, le gritaron muchos que él mismo
era la Concordia.
Volvió entonces sobre sus pasos, y declaró que conservaba
la espada y aceptaba el sobrenombre de Concordia.
Invitó a los senadores a que enviasen legados con las vestales
a pedir la paz, o cuando menos el tiempo necesario para deliberar.
A la mañana siguiente, mientras esperaba la respuesta,
llegó un explorador anunciando que se aproximaba el enemigo.
Se ocultó en el acto en una silla gestatoria y acompañado
sólo de su panadero y su cocinero se dirigió ocultamente
al Aventino, a casa de sus padres, con la intención de
pasar de allí a la Campania.
Pero habiendo circulado en seguida el rumor, vago e incierto,
de que se había hecho la paz, se dejó conducir de
nuevo a palacio. Viendo allí que estaba todo desierto y
que incluso los que le acompañaban desaparecían
de su lado, ciñóse un cinturón lleno de monedas
de oro, se refugió en la garita del portero, ató
el perro delante de la puerta y la atrancó con una cama
y un colchón.
Entraban ya los exploradores del ejército enemigo, y algunos,
no encontrando a nadie, lo registraron todo según acostumbraban
hacer. Sacáronle de su escondrijo y como no le conocían,
le preguntaron, quién era y dónde estaba Vitelio;
trató de engañarlos con mentiras, pero viéndose
al fin reconocido, suplicó ardientemente que le dejaran
en vida, aunque fuese en una prisión, pues tenía
que revelar secretos de que dependía la existencia de Vespasiano.
Lleváronle casi desnudo al Foro, con las manos atadas a
la espalda, una cuerda al cuello y las ropas destrozadas, prodigándole
los peores ultrajes por todo el trayecto de la vía Sacra:
unos le tiraban de los cabellos hacia la espalda para levantarle
la cabeza, como se hace con los criminales; otros, le empujaban
la barba con la punta de la espalda para obligarle a mostrar la
cara; arrojábanle éstos fango y excrementos; aquellos
le llamaban borracho e incendiario; parte del pueblo hacia burlar
hasta de sus defectos corporales, porque era, en efecto, extraordinariamente
alto y tenía el rostro encendido y manchado por el abuso
del vino, el vientre abultado y una pierna más delgada
que la otra, a consecuencia de una herida que se infirió
en otro tiempo en una carrera de carros, sirviendo de auriga a
Calígula.
Cerca ya de las Gemonias le desgarraron, en fin, a pinchazos con
las espadas y por medio de un gancho lo arrastraron hasta el Tíber.
Murió con su hermano y su hijo a los cincuenta y siete
años de edad. El prodigio que le ocurrió en Viena
y del que hemos hablado, se interpretó en el sentido de
que algún día caería en poder de un galo;
el suceso justificó la predicción, pues fue vencido
por Antonio Primo, uno de los generales del ejército enemigo,
nacido en Tolosa, y que había llevado en la infancia el
epíteto de Becco, palabra que significaba pico de gallo.»
ROMA:
Año 69.
Un día después de haber entrado en Roma,
Vespasiano es oficialmente reconocido como emperador
por el Senado. |
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GRECIA:
día consagrado a Selene.
ROMA:
Año
250. Martirio de Herón de Alejandría,
que fue quemado hasta morir bajo el imperio de Decio.
ROMA:
Año 283. Martirio de Justo y Abundio
en España. Ambos fueron expuestos a las
llamas, pero al observar que el fuego no los dañaba, ambos
fueron decapitados.
ROMA:
Este día era consagrado a Consus
y la celebración era conocida como Consualia.
Consus es un dios romano muy antiguo y de carácter
muy oscuro, que tenía un altar subterráneo en el centro
de Circo Máximo. Este altar se exhumaba
en cada fiesta del dios, cuando se celebraban las Consualia
y las carreras de caballos. Estas fiestas comportaban curiosos ritos:
los animales de tiro, caballos, asnos y mulos, no debían
trabajar en ese día, y eran coronados de flores. Había
carreras de caballos e incluso de mulos. Durante la primera fiesta
de Consus, en tiempo de Rómulo,
se produjo el rapto de las sabinas.
Es posible que, en su origen, Consus fuese un dios
de los silos, encargado de proteger el grano enterrado.
Esta celebración marcaba también el comienzo de los
“días de Alcíone”.
Alcíone es la hija del rey de los vientos,
Eolo. Casó con Ceix, hijo
del Astro de la Mañana (Eósforo
o Lucifer). Formaban un matrimonio tan feliz, que
ellos mismos se comparaban a Zeus y Hera.
Irritados por este orgullo, los dioses los transformaron en aves:
a él, en somormujo; a ella, en alción.
Como quiera que Alcíone hacía su
nido al borde del mar y que las olas se lo destruían implacablemente,
Zeus se apiadó de ella y ordenó que
los vientos se calmasen durante los siete días que preceden
y los siete que siguen al solsticio de invierno, período
en que el alción empolla los huevos. Son los « días
del alción », que no conocen las tempestades.
Ovidio cuenta una historia bastante distinta :
Ceix, casado con Alcíone,
había decidido ir a consultar a un oráculo. Durante
el viaje, fue sorprendido por una tempestad y su nave destruida,
pereciendo él ahogado. Las olas devolvieron su cuerpo a la
orilla, donde lo encontró su esposa. Desesperada, se transformó
en un ave de voz lastimera, y los dioses concedieron al marido una
metamorfosis semejante.
ROMA:
19 a.de C. (Se cumplen 2023 años) En este día se consagró
el altar de Fortuna Redux, (supplicatio)
habiéndolo traído Augusto de las
provincias de ultramar.
CRISTIANDAD:
Año 112. Es martirizado Ignacio de Antioquía.
Ignacio de Antioquía fue el tercer obispo
de Antioquía, después de San
Pedro y Euodius, a quien Ignacio
sucedió alrededor del año 68. Ignacio,
quien también se llamaba a sí mismo Teóforo,
fue muy probablemente un discípulo de los Apóstoles
Pedro y Juan.
Muchas de sus cartas han sobrevivido hasta hoy; es considerado,
generalmente, uno de los Padres Apostólicos
(el primer grupo de los Padres de la Iglesia Católica),
y un santo, tanto por el Catolicismo como por la Iglesia
Ortodoxa . Fue arrestado por las autoridades romanas y
llevado a Roma a morir en la arena. Estas quisieron dar un ejemplo
con él y así desanimar al Cristianismo
de extenderse. En cambio, el encontró animosos cristianos
a lo largo de toda su ruta y escribió cartas a los
Efesios, Magnesios, Tralienses, Filipenses, Esmírneos
y Romanos, y también una carta a Policarpo,
quien de acuerdo con la tradición cristiana fue Obispo
de Esmirna y discípulo de San Juan Evangelista.
Estas cartas han probado ser influyentes en el desarrollo de la
teología cristiana, ya que el número de escritos existentes
de este período de la historia de la iglesia es muy pequeño.
Ellas llevan signos de haber sido escritas con gran prisa y sin
un plan concreto, como oraciones corridas y una sucesión
asistemática del pensamiento. Ignacio es
primer escritor cristiano conocido en acentuar fuertemente la lealtad
a un único obispo en cada ciudad, el cual es asistido por
presbíteros (sacerdotes) y diáconos.
Escritos anteriores mencionan solamente u obispos o presbíteros,
y da la impresión de que frecuentemente había más
de un obispo por congregación. Ignacio también acentúa
la importancia de la Eucaristía, llamándola
"una medicina para la inmortalidad". El gran deseo de
un martirio sangriento en la arena, el cual Ignacio
expresa bastante gráficamente en algunos lugares, parece
bastante raro al lector moderno.
Hoy en día solamente la variantes más cortas de estas
siete cartas se consideran escritos genuinos de Ignacio.
Sus varientes más largas se consideran enmiendas del siglo
V, creadas para enrolar póstumamente a Ignacio
como un testigo inconsciente en ciertas luchas teológicas
de esa época; mientras las otras cartas que llevan su nombre
y el supuesto relato del testimonial de su martirio se considera
que son puras falsificaciones de la misma época.
CRISTIANDAD:
Año 687. San Sergio comienza su pontificado,
siendo el 84º Papa.
De origen sirio, tal vez naciera en Sicilia. Junto
con él fueron elegidos otros dos, pero la discordia duró
poco y él pudo gobernar en paz con la aprobación del
exarca de Rávena, Juan Platina.
Consiguió recomponer una división entra la Iglesia
de Roma y la Iglesia Armenia.
Tuvo un durísimo, enfrentamiento con el nuevo emperador Justiniano
II. El emperador había convocado en su palacio,
sin el consentimiento del papa, un concilio, que pasó a la
historia con el nombre Quinto-Sexto. Sergio
siquiera fue invitado, pero sí le entregaron las 102 propuestas
elaboradas para que las aprobara y las suscribiera. Naturalmente
el papa se negó. Entonces Justiniano ordenó
que le detuvieran.
La medida imperial fue considerada universalmente sacrílega,
por primera vez, y hubo entonces un levantamiento general: la misma
Rávena, la Pentápolis
y las provincias lindantes, con sus ejércitos y todo el pueblo
de Roma, salieron indignados en defensa del Papa.
Este asunto fue para Justiniano el final del poder
y de la integridad física -de hecho fue destronado, mutilado
y exiliado- mientras que para el papa fue el inicio de una poderosa
consolidación de su poder.
Se hacía cada vez más evidente quién era el
principal señor de Italia.
Con él se cerró definitivamente la cuestión
de los tres capítulos del Concilio de Calcedonia,
relativa a la herejía eutiquiana. Bautizó a Cedwala,
rey de los Sajones, en San Pedro el
sábado Santo de la Pascua del año
689. Introdujo el tríplice canto del Agnus Dei en
la Misa. Sostuvo Venecia en su intento de independizarse
de Constantinopla.
ROMA:
En este día se celebraba la festividad de Sapientia,
diosa romana de la Sabiduría.
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ANTIGUO EGIPTO:
En Egipto, este día era
consagrado a Thoth. Dios egipcio de la
Luna, medidor del tiempo, escriba de los dioses, señor
de la magia y la sabiduría. Participa en el juicio
de los muertos. Representado como un hombre con cabeza de
ibis, o como un babuino con cabeza de perro. Su título
era "grande grande", es decir, "grandísimo".
Los griegos lo identificaron muy pronto (siglo IV a.de C.)
con Hermes, el inventor de la palabra y
conductor de las almas al Infierno. Y tradujeron su título
con el superlativo repetido tres veces: mégistos
kaì mégistos kaì mégistos.
La fórmula abreviada nos da "trismégistos"
(tres veces muy grande). Es nuestro HERMES TRIMEGISTO,
el inspirador de los libros herméticos. |
CRISTIANDAD:
Año 250.
Martirio de Albina. Albina era
una joven doncella cristiana nacida en Cesárea,
que fue martirizada durante la persecución de Decio
en Formiae, en la Campania. Los
griegos sostienen que su cuerpo se trasladó milagrosamente
después de su muerte.
305 (Se cumplen 1699 años) Martirio de Valentino
y otros. El grupo halló la muerte en la ciudad de Ravenna
y estaba compuesto además por Navalis, Concordius
y Agrícola.
CRISTIANDAD: Año 340. Es consagrado Eusebio
como obispo de Vercelli.
San Ambrosio dice que el obispo Eusebio
de Vercelli fue el primero en Occidente
al cual se le ocurrió organizar a sus sacerdotes en grupos
para formarse mejor y ayudarse y animarse a la santidad. Para este
santo su más importante labor como obispo era tratar de que
sus sacerdotes llegaran a la santidad. Fue obispo de Vercelli
por 28 años.
Una de sus grandes preocupaciones era instruir al pueblo en religión.
Y él mismo iba de parroquia en parroquia instruyendo a los
feligreses.
En aquellos tiempos se estaba extendiendo una terrible herejía
llamada Arrianismo, que enseñaba que Cristo
no era Dios. Los más grandes santos de la
época se opusieron a tan tremendo error, pero el jefe de
gobierno, llamado Constancio, la apoyaba. Hicieron
entonces una reunión de obispos en Milán,
para discutir el asunto, pero Eusebio al darse
cuenta de que el ejercito del emperador iba a obligarlos a decir
lo que él no aceptaba, no quiso asistir. Constancio
le ordenó que se hiciera presente, y el santo le avisó
que iría, pero que no aceptaría firmar ningún
error. Y así lo hizo. A pesar de que hereje emperador lo
amenazó con la muerte, él no quiso aceptar el que
Jesucristo no sea Dios, por esto
fue desterrado.
Fue llevado encadenado hasta Palestina y encerrado
en un cuartucho miserable. Los herejes lo arrastraron por las calles
y lo insultaron, pero él seguía proclamando que Jesucristo
sí es Dios. En una carta suya cuenta los
espantosos sufrimientos que tuvo que padecer por permanecer fiel
a su santa religión, y expresa su deseo de poder morir sufriendo
por el Reino de Dios.
Al morir Constancio, su sucesor decretó
la libertad de Eusebio y éste pudo volver
a su amada diócesis de Vercelli. San
Jerónimo dice que toda la ciudad sintió enorme
alegría por su llegada y que su vuelta fue como el termino
de un tiempo de luto y dolor.
EL resto de su vida lo empleó junto con grandes santos como
San Atanasio y San Hilario en
atacar y acabar la herejía de los arrianos, y en propagar
por todas partes la santa religión. Murió el 1 de
agosto del año 371.
La Iglesia lo considera mártir, no porque
haya muerto martirizado, sino porque en sus tiempos de prisión
tuvo que soportar sufrimientos horrorosos, y los supo sobrellevar
con gran valentía.
El repetía: " Puedo equivocarme en muchas cosas, pero
jamás quiero dejar de pertenecer a la verdadera religión".
ROMA:
Comienzan las Saturnalia, que, a partir de Domiciano,
se prolongaban hasta el 23 o el 24 del mismo mes. Son fiestas romanas
en honor de Saturno que, expulsado por Zeus
del Olimpo, se instaló en el Capitolio,
en el emplazamiento de la futura Roma, fundando
la ciudad de Saturia. Fue acogido por un dios más
antiguo que él, Jano, de las dos caras,
que presidirá el nacimiento del nuevo año que se aproxima.
Se celebraron por primera vez en el 497 a.de C. con la dedicación
de un templo a Saturno en el monte Capitolino
y a partir del 217 a.de C. fueron reorganizadas y prolongadas.
Se liberaba a la estatua del dios de la cinta de lana que lo ceñía
durante el resto del año para impedirle abandonar Roma.
En la ciudad reinaba una alegría desmesurada: se
suspendían las sesiones del Senado, se cerraban
los tribunales, se daba vacaciones a los esclares, se aplazaban
las ejecuciones, se concedía la libertad a los prisioneros,
se realizaban sorteos de lotería y se permitía la
realización de juegos de azar, se celebraban banquetes públicos
y se enviaban regalos unos a otros; en las casas se invertían
las clases sociales: los esclavos se ataviaban con las ropas de
sus amos y éstos les servían la mesa, criticándoles
aquellos sin temor al castigo.
CRISTIANDAD:
Hoy también se conmemora, según la Iglesia
Luterana, al profeta Daniel. El significado
del nombre Daniel es “Dios es Juez”,
o “Dios es mi Juez”. Fuera de este libro que lleva su
nombre, el nombre Daniel se encuentra en 1 Crón.
3:1; Esdras 8:2; Neh. 10:6; Ezeq.
14:14,20; 28:3; Mat. 24:15; Mar.
13:14. Su nombre fue cambiado en Babilonia a Beltsasar
(1:7), nombre que significa “que Bel proteja
al rey”, o sencillamente “proteja su vida”. (Sobre
el dios pagano, Bel, véase 4:8; Jer.
50:2; 51:44; Isa. 46:1).
Daniel era de familia real (1:3), un joven talentoso
y bien educado (1:4). Había sido llevado cautivo a Babilonia
en el año 605 a. C. cuando Nabucodonosor
derrotó a los egipcios en Carquemis y luego
unos meses después pasó a Jerusalén
para llevar cautivos junto con el botín. (Esto sucedió
unos ocho años antes del cautiverio de Ezequiel).
En aquel tiempo Daniel tenía aproximadamente
20 años de edad, o tal vez unos 15 a 18 años. Véanse
2 Crón. 35:20—36:7; Jer.
46:2; 25:1-12; Dan. 9:1,2.
Cuando menos vivió en Babilonia hasta el
tercer año de Ciro, rey persa, cerca de
536 a. C. (7:1; 8:1; 9:1; 10:1,2). Se cree que nació en el
tiempo de las reformas de Josías (621 a.
C.), y que murió cerca de los noventa años de edad.
Según Josefo, el historiador, Daniel
y sus compañeros eran descendientes del rey Sedequías.
Después de tres años de entrenamiento (1:5; compárense
2 Rey. 20:17,18; Isa. 39:7), sirvió de consejero político
de Nabucodonosor, rey de Babilonia (1:1),
de Belsasar (5:1), de Darío de Media
(5:31), y de Ciro, rey de Persia
(10:1). Sus actividades públicas correspondían a su
educación formal indicada en el capítulo 1.
Era estudiante de la palabra de Dios (9:1,2; compárense
Jer. 25:11; 29:10). Fuera del libro de Daniel,
no sabemos nada acerca de su vida.
Daniel (605-536 a. C.) sirvió en la ciudad
de Babilonia, mientras que Jeremías (626-586
a. C.) sirvió en Jerusalén, y Ezequiel
(592-570 a. C.) en el sudeste de Babilonia en el
río Quebar (Ezeq. 1:1).
El período de tiempo cubierto por el libro de Daniel
se extiende de 605 a. C. a 165 a. C.
Era hombre grande en sabiduría (1:17), en integridad y cortesía
(1:8, 9,11,13), y en oración (2:18 y sig.; 6:10; 9:3 y sig.;
10:12). Era compañero de reyes, un gran estadista y consejero,
un gran líder y protector de su pueblo. Era estadista, pero
también profeta. Subió de esclavo a estadista de primer
rango.
Era hombre humilde y modesto (2:28-30), de justicia y valor (1:8
y sig., Ezeq. 14:14,20), y de capacidad y autoridad
(1:20; 2:48,49; 6:1-3). Al mismo tiempo era hombre considerado (2:49).
No solamente era hombre grande en la tierra, sino también
considerado así en el cielo (9:23; 10:11,19).
Otras palabras que describen el carácter de este hombre de
Dios son: preeminencia (1:20), propósito (1:8), poder (2:48;
6:2), oración (6:10; 9:1 y sig.), principio (6:23), e inocencia
(6:22).
Dios usó a Daniel para la interpretación
de sueños, señales y visiones. Dios le usó
para que sirviera de oficial en la corte de Babilonia y de los reyes
medo-persas. En cada tarea, Daniel se portó
con fidelidad e integridad. El fue instrumento de Dios en Babilonia
para mantener el honor de Dios en esa tierra ajena, y para
registrar las revelaciones de Dios tocante al futuro con respecto
al reino de Dios.
CRISTIANDAD:
Año 283. San Cayo
es elegido Papa Nº 28.
San Cayo era originario de Dalmacia,
hermano de San Gabino, tío de Santa
Susana y pariente del emperador Diocleciano.
Es probable que sus padres fueran cristianos, y que desde niño
le criaron en los principios del cristianismo. No se sabe con qué
ocasión vino a Roma; y sólo es cierto
que por la pureza de sus costumbres, que por el celo de la religión
y por su vida ejemplar fue recibido en el clero con general gozo
de todos, y que él se empezó luego a distinguir no
menos por su sabiduría que por su virtud.
Como universalmente estaba reputado en Roma por
uno de los más santos clérigos de la Iglesia, muerto
el Papa Eutiquiano en el año 283, no se
deliberó un punto sobre colocarle en la silla de San
Pedro el día 17 de diciembre.
Como
los cristianos se veían precisados a estar escondidos en
los bosques y sepultados en las cavernas, el Santo Pontífice
por algún tiempo tomó también el mismo partido
de esconderse para poder asistirlos. Visitábalos, socorríalos
y los animaba a defender valerosamente la fe, aunque fuese a costa
de la vida.
Habiendo calmado un poco la tempestad volvió a Roma
acompañado de crecido número de confesores
de Cristo. Pero renovada presto la persecución
contra los cristianos con mayor furia que nunca, en todas las plazas
públicas, esquinas y encrucijadas de las calles se colocaron
unos idolillos con bando riguroso de que nada se pudiese comprar
ni vender sin haberles antes incensado, y ni aún se podía
sacar agua de las fuentes y pozos públicos sin ofrecer primero
estos impíos sacrificios.
San Cayo ordenó a Cromacio,
que había sido prefecto de Roma y era a
la sazón uno de los más fervorosos discípulos
de Cristo, que se retirase a su tierra a asistir
a los cristianos que se habían refugiado en ella; y aunque
deseó que San Sebastián fuese también
en su compañía, supo alegar tales razones este generoso
defensor de la fe para persuadirle lo mucho que importaba que él
asistiese cerca de su persona, que al fin se rindió a ellas,
y dio orden al presbítero Policarpo para
que siguiese a Cromacio.
Luego que partieron estos confesores. Cayo ordenó
a los dos hermanos Marco y Marcelino,
y de presbítero a Tranquilino su padre.
Vivían todos juntos en casa de un oficial del emperador,
llamado Cástulo, celosísimo cristiano,
el cual tenía cuarto dentro del mismo palacio, y estaba en
lo más alto del edificio. Allí se juntaban secretamente
los fieles todos los días.
Tiburcio, que era un caballero mozo, gran cristiano
y muy distinguido entre todos por su celo de la religión,
conducía cada día algún nuevo neófito,
a los cuales bautizaba San Cayo después
de haberlos instruido.
Mientras nuestro Santo se ocupaba día y noche en estas obras
de caridad y religión, vinieron a decir a su hermano San
Gabino que Maximino, hijo adoptivo del
emperador Diocleciano, pedía a su hija
Susana para casarse con ella. Noticioso de esto el Santo
Papa, envió a llamar a su sobrina, la cual, informada
del ánimo del emperador, venía ya a echarse a los
pies de su santo tío para pedirele su bendición y
disponerse para el martirio. La conferencia fue breve pero tierna.
"Ya sabeís, amado tío mío, dijo la santa
doncella, que habiendo hecho voto de castidad no puedo dar la mano,
a otro esposo que a Jesucristo, y vengo a declararos
que jamás la daré a otro. Viendo estoy que no habrá
género de tormentos de que no se valga el tirano para obligarme
a mudar de resolución; pero, llena de confianza en la misericordia
de mi Señor Jesucristo, espero que antes
me arrancarán mil almas del cuerpo que la fe del corazón,
y que no harán ni aún titubear la determinación
de vuestra humilde sobrina".
Triunfó Santa Susana de la crueldad y del
furor de los tiranos, y todos cuantos estaban en Roma
con San Cayo tuvieron la misma dicha, y consiguieron
la misma victoria.
San Cayo la alcanzó poco después,
conservándole Dios al parecer sólo porque lograse
el consuelo de enviar delante de sí al cielo a aquella ilustrísima
tropa, siendo cierto que sus gloriosos trabajos y felicísimas
fatigas le habían hecho muy digno de la corona del martirio.
Padeció el 22 de abril del año 296, habiendo ocupado
la silla de San Pedro doce años y algunos
meses. Fue enterrado en el Cementerio de Calixto,
y de allí fue trasladado su santo cuerpo el año 1631
a una Iglesia muy antigua de su mismo nombre, y en Novelara
de Italia se conserva parte de sus preciosas reliquias.
CRISTIANDAD:
Año 384. San Siricio asume como
Papa Nº 38.
Esclarecido en doctrina, piedad y celo por la religión; el
cual condenó a varios herejes con muy saludables constituciones
restableció la disciplina eclesiástica. Sucedió
al Papa San Dámaso en diciembre del 384.
Gobernó la Iglesia con suma prudencia después del
cisma tercero, y brilló con todas las virtudes apostólicas.
Escribió cartas instructivas a varios obispos sobre puntos
de disciplina, y es célebre sobre todas la que dirigió
al metropolitano de Tarragona, llamado Himerio,
carta considerada por los críticos como la primera epístola
decretal que debe recococerse por verdadera. Ordenó los intersticios
del tiempo para las órdenes y persiguió a los Maniqueos.
Bajo su pontificado se produjeron acontecimientos importantes. En
391 el Papa dio a San Agustín el obispado
de Hipona.
En agosto de 390, después del asesinato del comandante militar
de Tesalónica, un godo, el emperador Teodosio,
ordenó una tremenda represalia. Más de siete mil personas
fueron muertas en las calles de la ciudad. Esta crueldad de un príncipe
cristiano produjo escándalo. El obispo de Milán,
Ambrosio, excomulgó al emperador. En la
noche de Navidad de 390, el emperador más poderoso de la
tierra se presentó en la plaza de Milán
vestido de mendigo y proclamó su culpa y su arrepentimiento.
Siricio hizo todo lo posible para dar caracter
de obligatoriedad a las decisiones de la sede romana. Hizo reconstruir
la Basílica de San Pablo en la Via
Ostiense, al oeste de Roma, donde todavía
se conserva una inscripción con su nombre y su mayor cualidad
en la vida: totalmente devotus.
ROMA:
Segundo día de la Saturnalia. En estos días
de fiestas saturnales se celebran los carnavales de la Antigüedad:
una orgía catártica que destruye el orden imperante
para volver al Caos primordial que alumbrará
un tiempo en plenitud.
ROMA:
Celebración de la Eponalia, en honor de
la diosa Epona.
El nombre Epona deriva de la palabra céltica
para caballo. Ella era una diosa-caballo celta cuya iconografía
se vinculó al simbolismo equino. Muchas imágenes y
dedicaciones se establecieron a lo largo del mundo celta durante
el periodo romano. Se la veneró particularmente en la Galia
y en Renania, pero también aparece en Bretaña,
Yugoslavia, Africa del Norte, y en Roma.
Aquí tienen una fiesta el 18 de diciembre, así que
ella fue aceptada oficialmente también en la capital del
Imperio. El interés especial del culto a Epona
se encuentra en sus imágenes. De hecho ella siempre se representa
con sus complementos equinos. La iconografía de Epona
se divide en dos grupos principales: El más importante
son las pinturas de la diosa montada en una yegua. En las otras
principales representaciones ella aparece representada entre dos
caballos.
Mucha de la imaginería de Epona muestra
el simbolismo de la fertilidad y de la abundancia de la tierra.
En muchas imágenes se la representa con cestas de frutas
o de maíz. Además, parece que ha habido una asociación
definida entre Epona y las Diosas-Madre.
A la Diosa se la asociaba con ambas: el agua/curación y la
muerte. En la Galia era representada con el aspecto
de una ninfa acuática u ondina. Frecuentemente, también
se la representó con un perro que podría reflejar
la curación o la muerte. El simbolismo de la vida después
de la muerte puede ser representado por ella en su yegua con la
imagen de un hombre detrás de la diosa. Esto se ha interpretado
como un alma humana que es llevada al otro mundo. También
puede ser representada llevando una gran llave -- esto puede mostrar
la habilidad de Epona de abrir las puertas del
cielo y del otro-mundo feliz.
Se la ha representado incluso con un mapa o plano, como presidiendo
el comienzo del viaje del hombre a través de la vida.
Realmente ella es la patrona de los caballos, que eran muy importantes
para los celtas en cuanto al transporte, la guerra,
el poder, el prestigio, y la religión, pero también
ella reflejó los profundos misterios de la vida, de la muerte
y del renacimiento. También es conocida incluso como Rhiannon
y Rosette.
Egipto:
Este día era consagrado a Osiris.
Padre de Horus y marido de Isis,
se le considera antepasado directo de la realeza. Osiris
fué uno de los dioses más populares e importantes
de todo el panteón egipcio. Su culto estaba centrado
en Abydos y Busiris donde
reemplazó a un antiguo dios local, Andyety
(probablemente un personaje local divinizado) pero se extendió
por todo Egipto.
Surgió
de Busiris, en egipcio Per-Usir,
que significa "Templo o casa de Osiris",
capital del noveno nomo del Delta.
El término Osiris es una corrupción
griega del nombre egipcio Asar (Usar,
Usir). En el Reino Nuevo, en los
textos funerarios se funde con Ra; así
Osiris es el sol difunto y, en Heracleópolis
Magna, se le denomina Osiris Naref.
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Otro
nombre por el que se le conoce es Unnefer ("el
que pone de manifiesto el bien").
"Príncipe de los dioses de la Duat" como dios de
la muerte y del Más Allá, aunque,
en un principio era un dios agrario que fue adoptando rasgos de
otros dioses; genio de los cereales, espíritu de la vegetación
y ante todo dios de la resurrección; los Textos de los sarcófagos
del Reino Medio lo identifican con el grano y con
el trigo, símbolo de la semilla que muere para renacer más
tarde en forma de espiga.
Encarnaba la renovación, el renacimiento de la tierra después
de la inundación; Osiris moría en
la estación más seca y renacía tras la retirada
de las aguas de la crecida, mientras que Seth reinaba
entretanto como dios caótico del desierto. Osiris representa
todo lo que renace, pero sobre todo el Nilo, símbolo
de regeneración y fertilidad, dios de la inundación
que conlleva la victoria de la tierra negra, el limo fértil
con el que se le relacionaba, sobre las zonas de influencia de Seth,
el desierto, las tierras áridas.
Como se afirma en el Papiro Chester Beatty: "Osiris
es aquel que hace crecer el trigo y la cebada". En
un himno del Reino Nuevo se describe al dios sosteniendo
el universo terrestre, y la crecida del Nilo no
es más que la transpiración de sus miembros; los cultivos
y los monumentos levantados por el hombre gravitan en su espalda
sin que se queje de una carga tan grande, pero a veces se mueve
y la tierra tiembla.
Por otra parte es un dios-rey; la iconografía clásica
le confiere los atributos de la realeza: la corona atef,
el heqa, o cetro uas, y el nejej,
o flagelo, símbolos de poder supremo. Sin embargo su soberanía
tiene como verdadero dominio el reino de los muertos y recibía
el título de "Toro del Occidente",
siendo el occidente el Más Allá.
Según Plutarco, Osiris
era hijo de Nut y Geb; cuando
Ra se enteró de que estaba embarazada, le
dijo a Nut que ningún mes ni ningún
año se vería separada de él; mediante una estratagema,
Thot jugó con Selene y
le ganó la séptima parte de luz de cada día
del año, y así Osiris nació
en esos 5 días, que no pertenecían a ningún
mes ni año y que son los días epagómenos; cuenta
también que en el momento de su nacimiento se oyó
una voz proclamando que el dios de la creación había
nacido.
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Llegó
a ser Rey mítico de Egipto y fue
el que enseñó la civilización por medio
de la amabilidad y la persuasión; enseñó
a los hombres agricultura, estableció un código
de leyes e hizo que los hombres adoraran a los dioses; una
vez civilizada la tierra, marchó a otros países
para seguir con sus enseñanzas, dejando a Isis como
regente. A su vuelta, Seth y sus 72 compañeros
hicieron que Osiris se encerrara en un
arca con su forma, que cerraron inmediatamente; lo echaron
al Nilo, en un lugar cercano a Abydos
llamado Nedyt, que lo llevó hacia
sus bocas tanaíticas, hasta Byblos.
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Isis fue a buscarlo y lo trajo de vuelta, pero
Seth lo encontró y lo cortó en pedazos,
que esparció por todo Egipto. Tras recomponer
su cuerpo, Isis concibió con él a
su hijo Horus, quien vengó su muerte gobernando
Egipto y desterrando a Seth al
desierto.
Osiris no pudo volver a la Tierra y por eso permanece como dios
del mundo inferior. Al ser Horus identificado con
el Faraón vivo, éste cuando muere
se convierte en Osiris, bajo cuya forma era adorado.
Su sucesor, adoptando el título de Hijo de Horus
celebraba y dirigía los actos funerarios de este "nuevo
Osiris".
En el Reino Medio todo muerto se transfiguraba
en Osiris, ya que era un símbolo de inmortalidad.
La inmortalidad de Osiris fue atribuida en parte
al arte de embalsamamiento llevado a cabo por Anubis,
en parte a Isis que le dio el aliento de vida por
medio de sus alas, y en parte a Horus que abrazó
a su padre y le dio a comer el ojo de Horus.
Su morada celeste era Orión. Representaba
al viento del Norte. Es el dios que preside el Tribunal del juicio
del alma y emite el veredicto; esta posición la tuvo por
haber muerto como hombre y resucitado como inmortal gracias a las
poderosas palabras de Thot, y su cuerpo nunca se
putrificó; fue la primera momia y bajo la forma de aj viajó
por el Más Allá, de donde fue Rey
y juez de los muertos.
En época tardía la tumba de Osiris se
ubicó en la isla de Biggeh, lugar sagrado
llamado por los griegos el Abatón al que
sólo los iniciados tenían acceso. La idea de que la
inmortalidad sería obtenida siguiendo a Osiris fue
transformada, en tiempos helenísticos en los misterios osiriacos.
Como dios de los muertos, se representaba con el cuerpo en forma
de momia y con un sudario y llevando el cayado (heqat)
y el azote (mayal) y un collar menat;
lleva la corona atef .
Como dios agrario, tiene la piel de color verde, verde, que representa
el color de la vegetación y la regeneración; en tumbas
del Reino Nuevo se han encontrado unos moldes con
figura de Osiris, "Osiris vegetantes",
que se llenaban de semillas las cuales, al germinar, indicaban el
renacimiento del difunto en el Otro Mundo. También
se le representaba con el rostro de color negro o verde, como el
de la tierra negra. Raramente aparece bajo la forma de un pez. Fue
identificado con Andyety de Busiris y Sokar
de Menfis (como Sokar-Osiris), así
como con la estrella Orión. Los griegos
lo identificaron con Dioniso.
Los primeros centros de culto estaban en Abydos,
Bubastis y Mendes. Según
el mito, allí en donde se enterró cada trozo del cuerpo
despedazado de Osiris, los egipcios levantaron
un santuario; Abyidos, donde estaba su cabeza,
se convirtió en el gran templo osiriaco de peregrinación;
en esta ciudad se le conocía por Osiris-Jenti-Amentiu,
"Señor de los Occidentales", al
identificarse con el dios funerario local.
En Busiris, de donde procedía Osiris
y era dios principal, estaba la columna vertebral (identificada
con el pilar dyed); el hombro izquierdo estaba
en Letópolis, siendo Horus
el guardián de esta reliquia. Era adorado en Canopo
como jarra con cabeza humana. Como símbolo de la vida eterna
fue adorado en Abydos y Filé;
en la isla de Biggeh (Abatón),
situado al oeste de Filé, había también
una tumba del dios sobre la que Isis derramaba
cada diez días libaciones de leche.
En Abydos el difunto se enterraba en el camino
procesional, o bien se erigía una estela en representación
del difunto; la localidad se convirtió en centro de peregrinación
de los egipcios, deseosos de construirse una tumba o un cenotafio
cerca de la del dios. La peregrinación a la ciudad santa
debía realizarse en vida o después de la muerte y
para ello los habitantes del Valle del Nilo la
hacían representar en los muros de sus tumbas. Su fiesta
se celebraba el día 16 del segundo mes de la estación
Ajet; en Abydos se celebraban
el día 11 del mes de Joiak, el día
11 del mes de Joiak, y el 28 del mes de Famenoth;
en Busiris el día 30 del mes de Famenoth.
El culto a Osiris apelaba a las emociones del hombre
común y le proporcionaba un medio para creer que él
también podía tener una vida eterna; de ahí
su difusión por todo el país.
En Heliópolis se consideraba a Ra
como dios de los muertos y juez de los difuntos, lo cual entraba
en conflicto con el osirianismo; fue después cuando
Osiris triunfó como soberano y juez de los difuntos,
tanto por motivos políticos religiosos, como por ser su leyenda
mucho más asequible para el pensamiento del egipcio. En tiempos
de Ramsés II ya se detecta una síntesis
solar, expresada claramente en la tumba de Nefertari,
en la que se define el "alma compleja", unión de
Osiris y Ra, representada como
momia de carnero y denominada "Osiris quien
reposa en Ra y Ra quien reposa
en Osiris".
CRISTIANDAD:
Año 107. Martirio de Rufo y Zósimo
en Roma. Probablemente originarios de Antioquía
o Filipos. Se dice que acompañaron a San
Ignacio de Antioquía en su viaje a Roma,
donde murieron martirizados.
CRISTIANDAD:
Año 255. Martirio de Quinto, Simplicio
y otros en Africa.
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